La economía española cerró 2024 con un crecimiento superior al de la media europea y con cifras récord de afiliación y empleo estable. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, el PIB avanzó entorno al 3% impulsado por la demanda interna, el consumo privado y el dinamismo del sector servicios, especialmente el turismo. Sin embargo, tras estos datos positivos se esconde un problema estructural: las empresas tienen cada vez más dificultades para encontrar trabajadores con la formación adecuada, señalando como prioritarias las necesidades digitales básicas.
Así lo señala el Informe del Observatorio de las Ocupaciones del Servicio Público de Empleo Estatal, que analiza las necesidades formativas detectadas por las empresas durante el pasado 2024 y trata de contribuir a reducir el desajuste entre la oferta y la demanda en nuestro país. El estudio demuestra que el mercado laboral español vive un desajuste creciente entre las cualificaciones disponibles y las que demandan las empresas en los sectores productivos.
En 2024, España superó por primera vez los 21,8 millones de ocupados, alcanzando el dato más elevado de la época, y reduciendo la tasa de paro al 10,61%. Pero persistieron las brechas laborales y muchas vacantes quedaron sin cubrir por falta de candidatos cualificados.
Las carencias afectan tanto a perfiles técnicos como directivos, reflejando la creciente complejidad de la gestión empresarial, como a puestos administrativos o de servicios. Esto demuestra que el déficit formativo afecta a puestos de alta cualificación, pero también a los de alta rotación. Las empresas reclaman formación en contabilidad, gestión administrativa, normativa laboral y fiscal, análisis de datos o manejo de software especializado. También se detecta una fuerte demanda en sectores como la construcción, la industria o la agricultura tecnificada, donde faltan trabajadores con capacitación técnica específica.
Uno de los grandes cambios del mercado laboral es la digitalización. El informe subraya que prácticamente todos los puestos hoy en día requieren habilidades digitales básicas: uso de herramientas de comunicación, creación de contenidos, ciberseguridad o gestión de datos. En paralelo, el inglés sigue siendo el idioma más solicitado por las empresas, requerido por un 53,6%, especialmente en comercio, turismo y perfiles técnicos con proyección internacional, seguido a distancia por el francés y el alemán y lenguas cooficiales, especialmente el catalán.
A estos déficits técnicos se suman las llamadas competencias transversales. Las empresas señalan dificultades en habilidades como la organización del trabajo, la comunicación efectiva, la resolución de problemas o el trabajo en equipo. La falta de experiencia profesional y de competencias personales, aparece, junto a la escasez de candidatos, y el desacuerdo con las condiciones laborales como una de las principales causas del desajuste laboral.
Además, en pleno panorama de transición ecológica por parte de las empresas hacia un mayor respeto al medio ambiente, los conocimientos en economía circular, gestión de residuos y normativa asociada, gestión ambiental y eficiencia energética entre otros, también se muestran cada vez más demandados, sobre todo en los sectores de la energía, la industria manufacturera, la construcción, el transporte y la agricultura.
En un entorno cada vez más internacionalizado y a pesar de los avances en los métodos de traducción de idiomas, las empresas siguen mostrando entre sus prioridades y requisitos la contratación de empleados con un elevado nivel de inglés, tanto oral como escrito. Además de este idioma, señalan que el conocimiento de más, como el francés o alemán, pueden ser factores que hagan que un trabajador destaque entre el resto durante el proceso de selección y esto impulse su contratación.
Las empresas piden más formación en competencias digitales, inglés y habilidades personales para adaptarse al mercado global y tecnológico.
El informe también advierte de la necesidad de orientar la formación hacia colectivos con mayores dificultades de inserción, como parados de larga duración, mayores de 55 años o mujeres en sectores donde están infrarrepresentadas.
Adaptar la oferta formativa a las necesidades reales de las empresas, reforzar la formación profesional continua y potenciar las competencias técnicas y transversales será clave para mejorar la productividad y reducir el paro estructural en nuestro país. En un contexto de transformación tecnológica y transición ecológica, el reto del mercado laboral español ya no es solo crear más puestos de trabajo, sino formar a los trabajadores para los empleos que vienen. Sin esa adaptación, el crecimiento económico corre el riesgo de convivir con vacantes sin cubrir y oportunidades perdidas.
Fuente: El Economista
