El orden internacional basado en reglas, es decir, la hegemonía mundial estadounidense, desapareció, sin que nadie nos explicara al final cuáles eran y el mundo está embarcado en una transición caótica hacia un sistema multipolar alternativo.
"El viejo mundo ha terminado" fueron las palabras con las que Marco Rubio, secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos (EE. UU.), resumió el escenario geopolítico actual.
Estados Unidos y Europa han tomado direcciones distintas, hasta el punto de que la tradicional relación transatlántica parece haberse quebrado.
Washington emprendió un rumbo pragmático de protección de sus dos prioridades en política exterior, el continente americano y Asia, mientras que Europa vive en la ilusión de que Estados Unidos continuará proveyéndole de seguridad a bajo coste.
Esta actitud europea refleja el vacío estratégico en el que se encuentra, perdida, sin imaginación suficiente para pergeñar un futuro alternativo mejor y sin capacidad para aceptar la realidad.
Las declaraciones de algunos líderes europeos indican síntomas aún más preocupantes.
Kaja Kallas, quien es la vicepresidenta y alta representante de la Unión Europea (UE) para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, afirmó que "necesitamos orden, si no, tendremos caos", por lo que "se debería restaurar el sistema que teníamos".
Friedrich Merz, el actual canciller de Alemania, se atrevió a decir, en pleno siglo XXI, que "el ejército alemán debe ser de nuevo el más poderoso en Europa" o ¿es que Merz estaba citando a algún dirigente alemán de comienzos o de mitad del siglo XX?
La afirmación no parece fruto de un impulso porque a continuación argumentó que "la guerra en Ucrania solo terminará cuando Rusia se agote militar y económicamente" y que "tenemos que imponer los costes de la derrota en Ucrania a Rusia".
Alemania se olvidó de informar al mundo de que le había declarado la guerra a Rusia.
No obstante, las divisiones dentro de Europa acerca de Rusia aumentan entre sus dirigentes y entre estos y sus ciudadanos, al tiempo que la deriva autoritaria en la UE y en algunos países europeos crece.
El gobierno de Berlín está criminalizando al mayor partido político del país, Alternativa por Alemania o Alternative für Deutschland (más conocido como AfD por sus siglas), en alemán.
La primera vuelta de las últimas elecciones presidenciales en Rumanía, entre diciembre de 2024 y mayo de 2025, fue anulada porque su resultado no era el que querían los jefes de la UE en Bruselas.
Ursula Gertrudis von der Leyen y el resto de la Comisión Europea quieren destituir a Viktor Orbán como primer ministro de Hungría y centralizar aún más el poder europeo a costa de la soberanía de sus naciones miembros.
Proyectos como la creación de un ejército o de una oficina central de Inteligencia y la censura y el control de la libertad de expresión en los medios de comunicación y en las redes sociales dentro de la UE van en esa misma dirección liberticida.
La burocracia de Bruselas y sus voceros mediáticos fomentan la histeria bélica con el objetivo de persuadir a la población europea de que el conflicto en Ucrania es una cuestión existencial y de que sus impuestos deben destinarse a desangrar a Rusia al máximo.
"Europa" se convirtió en un eufemismo para referirse a una Bruselas que necesita centralizar su poder y destruir los últimos vestigios de soberanía de los antiguos "Estados europeos miembros" para permitir que una camarilla controle el continente.
Fuente: El Economista
