Spread the love

El Foro Zedarriak es un grupo de reflexión socioeconómica, constituido hace cuatro años, con el objetivo de impulsar la innovación y el relanzamiento de la empresa vasca. "Ante la creciente imagen negativa de la empresa, de lo económico y de lo privado, decidimos crear un foro desde el que analizar los grandes retos que tenemos en el país y de lo importante que es que lo público y lo privado colaboren para lograrlos", explica su director, Guillermo Dorronsoro.

"Zedarriak no defiende a una empresa ni a un sector en particular, ni busca contratos ni favores, no somos un lobby, sino que lo que queremos es transmitir una imagen positiva de la empresa a la sociedad", advierte el líder del think tank vasco. Y asegura que "es importante que la sociedad cuide y esté orgullosa de sus empresas, que les ayude cuando tienen problemas, porque si no lo hace, aunque la administración pública quiera repartir riqueza, al final repartirá miseria".

Por eso, defiende que es necesario apoyar a la industria en un momento complicado como el actual, pero subraya que no hay que mantener "empresas que se están muriendo, sosteniéndolas artificialmente con dinero público".

-¿Qué imagen social creen que proyectan las empresas?

-Vivimos en un contexto en el que llegan mensajes de que las empresas, sistemáticamente, abusan de las personas y de que las empresas son elementos negativos a las que hay que vigilar y controlar. Y, bueno, es cierto que hay abusos en el mundo de la empresa y hay comportamientos que son negativos. Es bueno que haya control, pero es malo que la sociedad piense que las empresas son malas, que las personas que crean las empresas son abusones. Una sociedad tiene que entender que la empresa es algo bueno para ella. Y que el sector privado es tan importante como el sector público. Ni mejor ni peor, son complementarios. Son igual de buenos o igual de malos, según se comporte y haga las cosas la gente que está dentro.

-En Euskadi, precisamente, el modelo de colaboración público-privada está fuertemente arraigado, si bien hay voces a favor y otras en contra. ¿Qué beneficios o inconvenientes presenta este modelo?

-Precisamente el próximo informe que estamos preparando se centra en la intervención pública en el sector privado, con las políticas que está haciendo Trump, con las políticas que está haciendo China, en las cuales el Estado está entrando de lleno en el sector privado. Entonces, la Comisión Europea está repensando todas estas políticas de competencia y es una tendencia, en este momento, que el gobierno entre en el sector privado de una manera mucho más intensa. No obstante, a esto que se le lla capitalismo de Estado, entre otras nomenclaturas, va por temporadas. Pedro Sánchez ha anunciado un fondo nuevo para tomar participaciones en empresas estratégicas y, aquí, el Gobierno Vasco ha lanzado la Alianza Financiera Vasca… Y esta colaboración, depende de cómo se haga, es buena o mala. Puede sacar lo mejor de los dos bandos y a veces lo peor. En el sector privado puede acabar generando corrupción y, en el sector público, puede derivar en intervencionismo en el mal sentido, puede basarse en decisiones equivocadas, por motivos electorales o por motivos de corto plazo, puede haber por parte de las empresas actuaciones que no sean éticas…

-¿Cómo cree que debe ser la selección de empresas susceptibles a recibir apoyo público?

-Hay que hacerlo bien. Hay que vigilar para no sea pan para hoy y hambre para mañana, para no tirar el dinero de los ciudadanos. Hay empresas a las que hay que dejar morir porque ha pasado su tiempo. Vemos lo que pasa en la SEPI, por ejemplo, que ayuda a empresas con problemas. Porque los sindicatos no acuden a la empresa, sino al gobierno, a pedir que no deje caer esa empresa. Y, como al final, el gobierno tiene que responder ante los ciudadanos… le tiembla el pulso y le da un poquito más de dinero. Y, así, hemos mantenido empresas que están muriendo, sosteniéndolas artificialmente con dinero público. Y eso, para las personas que trabajan en esas empresas, pues muy bien, pero para el conjunto de la sociedad, supone detraer recursos públicos que se podrían dedicar a otras cosas.

-Una empresa en dificultades que ha recibido apoyo público y que está tratando de remontar sin hacer mucho ruido es Gamesa. ¿Qué futuro le espera?

-Sí. Toda la industria en Europa está en una posición complicada, porque la competencia de países como China o Estados Unidos, con los aranceles de Trump, no han hecho más que complicar el tema. Ojalá yo tuviera una varita mágica que dijese a cuál sí y a cuál no hay que apoyar porque se va a morir.

Cuando Gamesa nació, fue una apuesta brutal de Jon Azua, vicelehendakari y consejero de Industria en aquel momento, quien avaló desde el Gobierno vasco un contrato de unas alas de avión con gente que no había hecho alas de avión en su vida. No se le agradece lo suficiente el riesgo personal que asumió entonces. Y ahora están peleando contra empresas gigantes que vienen de China, pero si no se lucha, no se gana.

-En Talgo se ha diseñado una fórmula no vista hasta la fecha, ya que supone la entrada de un consorcio vasco, liderado por un socio industrial (Sidenor). ¿Cómo ve su futuro en esta nueva etapa?

-En principio, siempre que haya una empresa privada que entra en la operación y pone su dinero es una garantía de que, por lo menos, un empresario como Jainaga demuestra que él por lo menos cree que ahí se puede hacer dinero. Cuando rescató Sidenor, se encontraba en una situación en la que muchos no daban un duro por ella y cuestionaban que se pudiera fabricar acero en Europa. Entonces, bueno, fácil no está, pero vamos a ver qué pasa. Hay que apostar.

-A punto de cerrarse la operación de Ayesa Digital, se trata de un caso distinto, el de recuperar la antigua Ibermática, una compañía con gran proyección, que perdió su arraigo en Euskadi.

-Sí. De hecho, cuando Ibermática estaba en venta por parte del primer fondo que entró, ProA Capital, yo entré como director territorial del País Vasco y mi objetivo era conseguir que se vendiera a capitales vascos. Lo que pasa es que en aquel momento el gobierno no tenía los instrumentos que tiene ahora para poder hacerlo. Y fue una pena, porque entonces su valoración era de 120 millones y ahora ha salido bastante más cara (450 millones).

-Tratemos de resumir el devenir de esta empresa… El fondo ProA Capital tomó el control de Ibermática en 2013. Y en 2020, traspasó su participación al fondo A&M Capital Europe, antes de que entrase la compañía sevillana Ayesa, de la familia Manzanares, con un 33%. Antes de su venta en dos partes, la división de ingeniería y la división de tecnología, se desprendió de la división de Industria que procedía de Ibermática, ahora denominada Ibernova, que Ayesa vendió a los fondos de inversión Kartesia y GTO Partners en septiembre de 2024 .

-Sí. Y esos fondos seguramente la volverán a vender, que es como se juega ahora… Tratar de retener aquí centros de decisión no es un reto fácil.

-El consorcio vasco que ha apostado por Ayesa Digital ha buscado como socio industrial a una empresa de menor tamaño como es Tecnei, y cuya aportación económica en la operación se saldará con 10 millones, ¿cree posible su liderazgo?

-No tenemos ahora ninguna empresa tecnológica vasca más grande que Ayesa Digital. Y hay que elegir una empresa con compromiso, que tenga una visión, y que se comprometa poniendo dinero… Entonces, entiendo que se critique que hay mucho fondo institucional y poca apuesta privada, pero a veces hay que hacer apuestas y luego, si sale mal, habrá gente que tendrá que dimitir o por lo menos pagar un precio. Ojalá salga bien y arraiguemos aquí esta empresa, porque es un sector, el de las tecnologías de la información, de mucho futuro, que no va a dejar de crecer y es importante tener una empresa potente aquí.

-Se ha hablado de un plan de futuro crecimiento que contemplaría sacar a Bolsa la compañía, ¿cree compatible este movimiento con esa vocación de arraigo?

-Cuando sales a bolsa corres el peligro de que haya, al final, un número suficiente de acciones para que tome control alguien que ya no tiene ese compromiso. A no ser que retengas una parte sustancial de tu accionariado, como hace CAF, que está en Bolsa, pero una parte muy importante de su cotización sigue estando en manos de los empleados. Y eso hace que CAF mantenga su arraigo. También hay empresas como el Grupo Dominion, que cotizan en Bolsa y el CEO y todo su equipo directivo está aquí. O el Grupo Arteche, que es una empresa cotizada y vasca por los cuatro costados. Es más dificil porque hay más riesgos pero también hay casos. Hay que diseñar bien la operación.

-¿Cómo debería diseñarse esa operación de salida a Bolsa para minimizar esos riesgos?

-Hay que entender también que se puede jugar con multinacionales o con empresas que no tienen aquí el centro decisión, pero que deciden apostar por Euskadi. Es un juego al que hay que jugar también. No puede ser que aquí sólo inviertan inversores vascos, pues perdemos muchas oportunidades. Tenemos a Mercedes-Benz, en Vitoria, con la cantidad de empleo que genera y la cantidad de pymes que dependen de ella. O Iberdrola, que aunque cuenta con un accionariado internacional, sigue manteniendo la sede en el País Vasco. O Petronor, que forma parte de Repsol, pero sigue manteniéndose aquí.

-Hablando precisamente de multinacionales, cuando Jauregi presentó el plan de Industria, advirtió de que hace mucho tiempo que no se asienta una multinacional en Euskadi. ¿Qué tiene que hacer el País Vasco para atraer nuevas inversiones?

-Todos los territorios están queriendo atraer inversiones industriales. Para la fabricación de baterías y la generación y distribución de energía, para automatización industrial… Y una vez que se monta una planta, eso es muy estable, ya que quien ha invertido unos cuantos miles de millones en montar una planta, no la cierra por un mal año. Con la industria tú haces una apuesta y hasta que no la recuperas pasan años. Y en esos años, procuras exprimirla al máximo e invertir para mantener la competitivividad. Porque hay mucha competencia. En el País Vasco tenemos algunas cosas buenas. Seguimos siendo un centro con muchos titulados técnicos, gracias a las escuelas de ingenieros que tenemos, tanto en la Universidad del País Vasco como en las universidades privadas. Y tenemos, en comparación con el sur de Europa, un nivel tecnológico potente, con gran apuesta por la I+D y la tecnología. En nuestra contra, no tenemos mucho suelo industrial, porque la orografía no lo facilita. Tenemos problemas de suministro eléctrico que se están intentando resolver. Y también tenemos problemas de absentismo y conflictividad laboral por encima de la media. Al final, con una hoja de cálculo se hacen las cuentas y se decide.

-¿Es atractivo el actual marco fiscal vasco para las empresas?

-Madrid está siendo una aspiradora de inversiones porque ha ofrecido un marco fiscal muy favorable en inversión. Prefiere tener muchas empresas, aunque paguen un poquito menos, que tener menos empresas, aunque paguen más impuestos. Y, aunque baje sus impuestos, recauda más. Me parece muy bien que Euskadi quiera tener un modelo de justicia social para que haya más reparto y que los que más tienen paguen más, lo que pasa es que hay que jugar con inteligencia porque llega un momento en el que puedes llegar a echar a las empresas.

-D'Anjou defiende que Euskadi no compite con fiscalidad low cost y que, tras las últimas modificaciones fiscales que se han hecho, no está previsto hacer más cambios.

-Hay que ser coherente. Si quieres atraer industrias, tienes que poner un marco favorable. Y la prueba del algodón es si vienen o no vienen. Y, si no vienen, pues algo tienes que tocar, como mejorar el absentismo, mejorar el tema fiscal o mejorar el suelo industrial. Porque las decisiones que toman las empresas son racionales, están basadas en hojas de cálculo en Excel.

-¿Por qué a pesar de esa falta de suelo en Euskadi, hay parques tecnológicos, como el de Abanto, que aún no terminan de echar a andar?

-En 1989, a punto de acabar la carrera, visité el parque tecnológico de Zamudio, que estaba recién construido. Sólo estaba el edificio Barco y todo lo demás eran campos. Durante años aquello no despegó. Como ahora en Zorrozaurre, por ejemplo. Hay que darle ahora veinte años. Cuando hablamos del milagro del Guggenheim y de Abandoibarra fueron dos décadas. Es lo normal. El director del Parque Tecnológico de Málaga, Felipe Romera, dice que durante quince años aquello era un desierto. Lo que pasa es que él perseveró y trabajó mucho y en los últimos años la región ha logrado un aeropuerto fantástico, mucho mejor que el nuestro, con una densidad tremenda de vuelos internacionales por el turismo. Hay que tener un poquito de paciencia, pero si somos un país industrial, tenemos que tener infraestructuras, porque los proyectos, cuando llegan, no te da tiempo a construir el parque tecnológico.

-Si no, los proyectos no esperan y se van a otro sitio…

-Así es. Hay que tener suelo con equipamientos. Es una de las grandes bazas. Teniendo en cuenta lo que cuesta transformar urbanísticamente algo, desde aprobar las normas en el ayuntamiento hasta meter las máquinas pueden pasar veinte años. En el Parque Tecnológico de Málaga llevan diez años tramitando una expansión que, aunque aún no la necesitan, pero para que cuando la necesiten la tengan.

-En materia de generación de energía, el PTS de renovables establece las potenciales áreas en las que podrían instalarse parques eólicos y solares en Euskadi teniendo en cuenta las condiciones de viento y sol, lo cual limita en gran medida la construcción de estas infraestructuras, que además deben respetar la flora y la fauna y preservar el entorno. ¿Cree viable su despliegue en el territorio?

-Es un problema antiguo éste. Todo el mundo quiere que haya parques, pero nadie quiere que sea en su pueblo o cerca de su casa. Todo el mundo quiere que Euskadi sea soberana energéticamente y cuente con soluciones de autoabastecimiento para no depender del gas ruso. Bueno, pues para eso sólo hay una forma, que es construir elementos que generen energía eléctrica dentro de Euskadi. No sé si en el mar, no sé si en los montes, no sé si en la central nuclear… pero o genera centrales que fabriquen energía, o si no, va a ser dependiente de otros. Y eso es un talón de Aquiles, como se ha demostrado en el caso de Alemania con el gas ruso, que ha fastidiado a la industria alemana, que está pasándolo fatal. Entonces la sociedad vasca tiene que decidir qué quiere. Si no queremos ningún impacto ambiental ni visual no seremos nunca energéticamente soberanos.

-¿Y si se apuesta por el modelo de autoconsumo, con placas fotovoltaicas en los tejados de los edificios, en vez de macrogranjas con cables kilométricos que evacúan la energía generada a cientos de kilómetros de distancia?

-Pero las comunidades de vecinos tampoco se ponen de acuerdo para poner paneles en el tejado. Entonces, si no queremos grandes infraestructuras, debemos trabajar juntos, como sociedad, en qué modelo queremos seguir. Para crear las condiciones de prosperidad en un territorio, uno de los temas que hay que tener atado es la energía. Cuanto más dueño eres de tu destino, mucho mejor. Y el destino es energía, tecnología y personas formadas, críticas y coherentes con sus decisiones.

Fuente: El Economista

El Economista – Economía y Finanzas – #NoticiasEconómicas