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Pocas economías mundiales tienen nichos de exportaciones tan marcados como por ejemplo Macao, cuya sostenibilidad financiera depende de los ingresos y beneficios obtenidos de los casinos y los juegos de azar, o Nueva Zelanda, líder absoluto de las exportaciones de lácteos a nivel mundial.

La importancia de la industria láctea en el país oceánico se debe a su orografía y geografía; dada sus condiciones climáticas sus verdes campos son objeto de pastoreo durante todo el año, lo que le permite una producción de bajo coste. Tal es el tamaño de la industria de Nueva Zelanda que guarda una posición privilegiada como uno de los países del mundo con mayor densidad de ganado vacuno, con 10 millones de cabezas de reses frente a los poco más de 5 millones de habitantes. Un ranking liderado por las cifras de Uruguay donde a cada ciudadano le corresponden casi 4 vacas.

La clave del fenómeno neozelandés, con el sumado meritorio de encontrarse a 18.000 kilómetros de los grandes centros de comercio y consumo de Europa y Asia, es su extrema apertura exportadora pues el 95% de la leche producida en el país se destina a mercados internacionales, siendo una cifra excepcionalmente alta al tratarse de un bien de consumo primario.

'El oro blanco' se ha convertido en el pilar económico más sólido dentro de la balanza comercial de Nueva Zelanda, y en especial la leche en polvo, los quesos y la mantequilla. Gracias a esto, durante el último ejercicio, los productos lácteos del país insular de Oceanía generaron más de 26.000 millones de dólares neozelandeses, lo que supuso un crecimiento interanual de algo más del 7%. Un aumento en parte debido al repunte de precios globales y la demanda de productos de mayor valor añadido como la propia mantequilla y las cremas lácteas. Aunque, según Trading Economics, las exportaciones disminuyeron el pasado mes de enero hasta los 6.210 millones de dólares neozelandeses desde los 7.510 millones de diciembre de 2025.

A pesar de ser el mayor exportar de lácteos del mundo, Nueva Zelanda guarda su propia paradoja, pue el mercado interior es apenas una pequeña fracción de la producción total. Un fenómeno asociado sobre todo al pequeño tamaño demográfico del país. Aun así, hay repartidas por todo el país 10.500 granjas dedicadas a la industria que anualmente producen 21 millones de toneladas de leche, unas tres veces la producción de España, teniendo en cuenta que nuestra población es diez veces superior.

Pero, más allá del 'oro blanco', el país oceánico exporta en gran medida productos de alto valor añadido, como son proteínas lácteas, fórmulas infantiles, leche en polvo y mantequillas. En especial con estas dos últimas controla el 25% del mercado internacional (y representan el 70% de las exportaciones totales).

La competitividad de Nueva Zelanda frente a Estados Unidos o la Unión Europea se basa en la concentración industrial en manos de la gran Fonterra, la cooperativa encargada del 80% de la producción láctea nacional, la materia prima barata y los bajos costes productivos. Según datos del Observatorio Lácteo Europeo, Nueva Zelanda paga un precio menor a cada productor en comparación con otros países; durante el pasado mes de septiembre el precio medio de la UE en comparación con los del país 'kiwi' fue de más de 10 céntimos (49,6 céntimos frente a 38,3 cént.).

Hace casi dos años que Nueva Zelanda y la UE rubricaron un nuevo acuerdo comercial para la exportación de productos lácteos y cordero, el otro gran mercado de los neozelandeses y segundo país a nivel mundial. El Acuerdo de Libre Comercio, en vigor desde mayo de 2024, ha permitido que el viejo continente haya ampliado a 90.000 las toneladas importadas de mantequilla y a 35.000 las toneladas de queso.

El eje de toda la industria láctea de Nueza Zelanda es Fonterra, la gran cooperativa creada en 2000 que aglutina casi todos los productos que se exportan y la principal multinacional del país; canaliza el 80% de la producción hacia mercados globales. Es más, el 90% de su facturación pertenece a las exportaciones.

La empresa concentra casi todo el proceso de producción y centraliza la recolección y el procesamiento, así como la propia comercialización. Durante la campaña 2024/2025, Fonterra aglutinó unos 19.000 millones de litros de leche, casi un 3% que en la campaña anterior. La materia prima es procesada en las 29 plantas que la cooperativa tiene por todo el país y en donde se transforma la leche en leche en polvo, cremas, quesos, mantequillas y demás productos derivados.

Su bonanza se vio reflejada la semana pasada cuando elevó su rango de previsión para el precio de la leche en este año y anunció un dividendo especial respaldado por su filiar Mainlad Group. Este aumento se basa en "los favorables precios globales de las materias primas y en industria consolidad", según la cooperativa neozelandesa.

La relevancia del sector lácteo no es ajena al debate sobre la sostenibilidad medioambiental de la producción lechera y la diversificación de mercados para reducir riesgos económicos.

Con 10 millones de cabezas de reses y otros más de 25 millones de ejemplares ovinos, las emisiones de efecto invernadero de Nueza Zelanda se encuentran disparadas por culpa de factores como el metano generado por los gases de los animales.

Así, hace tres años que el Gobierno de Nueza Zelanda diseño el primer plan de reducción de emisiones que incluía una tasa fija por emisiones agrícolas en todas las granjas del país que suponen casi la mitad de las emisiones nacionales. Por su parte, el segundo plan de reducción de emisiones se publicó en diciembre de 2024 y estableció el plan del Gobierno para cumplir con el segundo presupuesto de emisiones, con intención de que hubiese entrado en vigor este 2026. Pero, durante las últimas semanas del pasado año, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de Nueva Zelanda dio marcha atrás y retrasó su entrada en vigor hasta 2030.

A su vez, confirmó que el Gobierno está buscando otras formas de reducir el metano y anunció la entrega de 400 millones de dólares neozelandeses durante los próximos 4 años para el desarrollo de herramientas y tecnología que permitan reducir las emisiones en las explotaciones agrícolas y ganaderas. De la misma manera regará el Centro de Investigaciones de Gases de Efecto Invernadero Agrícola de Nueva Zelanda con más de 50 millones de aquí a los próximo 5 años.

Fuente: El Economista

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